El periódico DEIA ha realizado una entrevista a Eva Cerrato Aguirre para conmemorar los 30 años de la Escuela de Ballet EVA. Podéis encontar el artículo publicado por dicho periódico en el siguiente enlace.

30 años con las puntas puestas

Con una sola nota de música, sus pies se revolucionaban. Tanto, que no era capaz de quedarse sentada en el banco de la iglesia durante los cantos del coro y salía a bailar al pasillo. Ese fue el momento en el que sus padres se dieron cuenta de que lo suyo era la danza. Eva Cerrato tiene ahora 49 años, el título de danza colgado de su despacho y una escuela de ballet en Santutxu que va a cumplir 30 años. Está satisfecha.

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En su despacho tiene una colección muy especial, una decena de cuadros que conservan todos los títulos que ha conseguido con su sudor. Entre ellos, descansan dos viejas puntas rosas. Desgastadas. Conservadas como un tesoro. Son las puntas con las que logró el título de danza en el Conservatorio de Valencia. Pero antes de llegar a ese capítulo de la vida de Eva hay que comenzar por su primera clase de ballet. Ella tenía cuatro años cuando dio sus primeros pasos de clásico. Desde entonces ha pasado por multitud de escuelas de baile, como el centro de Educación y Descanso de Hortensia Beato o la Academia de Ballet Ludmila Arana. Subió por primera vez a un escenario con un papel como solista a los 8 años.
Después, vinieron horas y horas de ensayos. Y una multitud de puntas rotas. "Siempre he sido muy bruta, de las de mi grupo de danza he sido de las que más fuerza tenía y cada vez que bailaba destrozaba las puntas, así que necesitaba estrenar unas cada semana", explica. Cada par de zapatillas de baile costaba, por aquel entonces, 2.000 pesetas, un gasto que sus padres no podían permitirse semanalmente. "Entonces mi ama se puso a hacer chaquetitas de punto para niños, chales... que luego vendía en una tiendita que había debajo de casa. Así sacaba algo de dinero para poder comprármelas", recuerda Eva.

Con 16 años logró el título de danza. Tres años después abrió la Escuela de Ballet de Eva. Fue en 1980. Pero Eva seguía estudiando y bailando cada vez que podía. Comparte clases con Tere Smink, Rafael Matí, Virginia Valero, Solagne Lfort, Víctor Ullate, entre otros muchos, y participa en festivales de danza y obras como Molinos de viento, con el Ballet de Bizkaia, La muerte del cisne, Danza china, del ballet Cascanueces... Este último le hace recordar que todavía conserva el traje que le hizo su madre a mano para aquel día. Abre el armario y saca una funda que cuida un traje verde. "No sabía coser y me hizo el traje a mano. Solía hacerlo, le daban las tres de la mañana... Y si a eso le sumas el dineral que se dejaría en las telas y lo que le costaba encontrar los patrones...", rememora.

Para Eva, sus padres son el mejor ejemplo de cómo se debe apoyar a un hijo en una carrera tan sacrificada como la danza. "Nunca me dijeron lo que tenía que hacer. Simplemente estaban ahí cada vez que me caía. No me exigían tener buenas notas en el colegio mientras bailaba, porque sabían que estaba esforzándome mucho en la danza. Entendían que eso era lo que quería hacer y lo conseguí", resalta.

Eva ni se acuerda de cuándo dejó de bailar, "fue algo progresivo", dice. Poco a poco empezó a centrarse más en la enseñanza y en noviembre cumplirá 30 años al frente de su escuela. Es todo un referente en el barrio bilbaino de Santutxu. "La mayoría de los padres que quieren apuntar a sus hijos a clases de ballet piensan en esta escuela como una opción", plantea. Pero ella ni se cree que haya pasado ya tanto tiempo desde que abrió sus puertas. "Parece mentira, qué mayor soy", bromea. En todos estos años ha visto cómo una de sus alumnas triunfaba en un ballet de Alemania y cómo sus actuales discípulos se alzan con primeros y segundos premios en aquellos concursos en los que participan. "Es todo un orgullo. Un reconocimiento tanto a mi carrera como a la de las niñas", subraya.

Mira al futuro orgullosa de su pasado. "He disfrutado con todo lo que he hecho, y mirando ahora para atrás me doy cuenta de todo lo que he hecho y todo lo que me ha costado... Antes, con 20 años, no era tan consciente", admite. Sólo le queda una espinita clavada, le habría gustado que su época para bailar fuera la actual, por todos los estilos que se han creado con el paso de los años. Pero como eso no está en su mano, se conforma con poder inculcar a sus alumnos la disciplina que demanda el mundo del ballet.

 

TAMARA DE LA ROSA  - Lunes, 10 de Mayo de 2010.  deia.com

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